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El caso de la niña de 2 años que no puede llorar ni bañarse

Tiene apenas 18 meses y sufre de una extraña enfermedad por la que cuando entra en contacto con el agua sufre un dolor insoportable.

por Laura Piasek | Marzo 3, 2018

¿Cómo explicarle a una niña de menos de dos años que no puede tomar un baño ni salir a jugar bajo la lluvia? A esta pregunta se enfrentan a diario Brittany y Danny Angerman, padres de la pequeña Ivy.

Y es que desde octubre pasado, momento en el que la niña de 18 meses fue diagnosticada con una extraña enfermedad conocida con el nombre de urticaria acuagénica de la que hasta el momento sólo se registraron 100 casos en todo el mundo, la rutina de esta familia proveniente de Minnesota cambió para siempre.

Debido a esta patología, cada vez que Ivy entra en contacto con el agua desarrolla una alergia en todo su cuerpo. Los ataques varían en su duración -pueden ser de 15 minutos o de hasta una hora-, pero en todos los casos sus efectos son insoportables y los médicos aseguran que son igual de dolorosos que una quemadura de tercer grado.

Si bien los padres de la pequeña detectaron la alergia de su hija al agua cuando tenía 6 meses, lo cierto es que en un principio pensaron su intolerancia podía tener que ver con los productos que utilizaban para bañarla.

Pero al probar nuevos fórmulas, comprobaron que su problema nada tenía que ver con esto. Así fue como después de pasar por varias consultas, lograron finalmente ponerle nombre y apellido a la dolencia de su hija. .

Hoy en día Ivy no sólo debe limitar al máximo sus baños -sus padres aseguran que no toma más de 2 por semana-, sino también privarse de algunos de los grandes placeres de la infancia: jugar bajo la lluvia o con nieve, y disfrutar del mar o la pileta. Pero aún más difícil resulta hacerle entender a la niña que no debe llorar, porque el agua de sus lágrimas también la lastima.

A pesar de que la pequeña se encuentra bajo un tratamiento para mitigar su sufrimiento, sus padres temen por lo que se viene.

“Estamos muy preocupados por su futuro”, confesó Brittany en una entrevista algunos días atrás. El peor de los escenarios pone los pelos de punta: que Ivy desarrolle una alergia interna al agua, y que ni siquiera pueda beberla.

Mientras, y amparados en el optimismo de que el cuadro de Ivy no empeorará, la familia Angerman se las rebusca para llevar una vida lo más normal posible.

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