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Entrevista

Dalia Gutman: “En mis shows, ya no digo que las minas somos hinchapelotas”

Se autodefine como una "experta en cosas de minas" y, en tiempos de marea feminista, opina sobre los chistes malos, los tuppers, los mandatos sociales, y la necesidad imperiosa de repensar la sociedad desde el humor.

por Laura Cedeira | Mayo 27, 2018

Debutó en tv como presentadora de noticias y trabajó tres años como notera hasta que descubrió que lo suyo era el humor. Después de ocho años de subirse a los escenarios para hacer stand up, Dalia Gutman se convirtió en experta en “cosas de minas”. Charlamos con ella y nos contó sobre la reedición de su libro, su crecimiento profesional como comediante y las transformaciones de la mujer durante la última década.

¿En qué andás, Dalia?

Sigo con Cosa de minas, espectáculo que está hace ocho años en cartel y tiene una característica muy particular: el contenido se va actualizando todo el tiempo. De año a año, cambio un cuarto de show. Estamos cada miércoles en el Liceo, un teatro que se abrió hace poco en Buenos Aires y está dedicado 100% a la comedia. También este año se reeditó el libro Cosa de minas, que escribí con Ale Bavera en 2015, con mucho más contenido e incorporaciones. Es un libro para divertirte y sentir que lo que le pasa a una mujer, les pasa a todas. La idea es acompañarnos, como mujeres, con humor.

¿Qué pensás que cambió en la situación de la mujer durante esta década en la que venís trabajando con el universo femenino?

Nunca las mujeres cambiamos tanto como en esta última década, que justamente son los ocho años en los que vengo haciendo el show. Hay mucho material que quedó antiguo, porque las parejas ya no funcionan de la misma manera; y por eso es tan importante renovarse en el humor, porque la sociedad va cambiando. En mis monólogos, siempre hablé de la mujer como par del hombre, nunca la ubiqué en una situación de inferioridad. Igual yo hablo desde mi experiencia y lo que podemos tener en común las mujeres. Algo puntual que cambié en mi discurso, que no hago más, es decir eso tan machista de que la mina es “hinchapelotas”. No es justo ponernos en ese lugar. También voy reviendo un montón de cosas que estaban mal en mi generación, por ejemplo, aquello de ir a la casa de un chabón y tener que chapar porque sino, ¿para qué fuiste?

Dalia Gutman

El lado Gutman de la vida

Cuando se le pregunta a Dalia Gutman qué vendría a ser, en estos tiempos de revolución de mujeres, “algo muy de mina”, ella responde sin dudas: “Las mujeres tenemos otra manera de ver el mundo. Alguien muy machista dirá: ‘A las minas les gustan los zapatos’, pero, en realidad, a las minas nos gustan los zapatos entre otros 28 mil temas. Tenemos tendencia a manejar diversos asuntos en una misma conversación. Y tenemos un registro del otro que es muy particular, y eso también es ‘muy de mina’. De todas maneras, no se trata de crear estereotipos, sino de mostrar cosas que nos pasan a todas”.

¿Vos qué tipo de mina sos?

En realidad, todas somos todo. Eso es muy “cosa de minas”: la simultaneidad de gente que vive adentro tuyo. Los diferentes tipos de personalidad que van apareciendo a lo largo del día. Por ejemplo, cuando estoy en “plan madre”, siempre tengo la intención de ser la mejor, cosa que a nadie le sale. Me quiero hacer la perfecta, llevo el tupper con la verdurita y soy responsable. Pero, la verdad, soy muy caótica y me doy cuenta de que no puedo con todo. Creo que los cambios de humor y la autoestima también me representan, y que las mujeres tenemos que laburar mucho la autoestima, sentirnos más seguras con lo que hacemos. Decirnos “sí, nena, si estás acá es porque te lo merecés”. El hombre eso lo tiene más resuelto.

No te imagino seria, pero empezaste en un noticiero a trabajar.

¡Sí! ¡Re seria! Cuando me recibí de locutora, en 2002, no sabía qué hacer: tenía claro que me gustaba la comunicación y justo quedé en un casting de Canal 9 para trabajar en un noticiero como presentadora de noticias. Y después estuve tres años como notera en la calle. Fue rarísimo, porque era obvio que no encajaba y justamente lo más cómodo en la vida es encajar. Pero cuando encontré la comedia todo se acomodó. Ese era mi lugar en el mundo. Al principio, fue un juego, porque no pensé que iba a ser mi trabajo. El humor es un camino donde hay que aprender mucho; por suerte, me lo tomé muy en serio (risas) y pude empezar a vivir de esto.

¿Creés que tantos años de casada con Sebastián Wainrach influyó en tu crecimiento en el humor? ¿Qué hubiera pasado con un marido ingeniero agrónomo o plomero?

Durante un tiempo creí que sí, que él había influido, pero después recordé las salidas a ver comedias al teatro con un novio anterior. Con Seba laboralmente nos llevamos bastante mal, nunca nos sentimos cómodos trabajando juntos. Si tengo que mostrarle un monólogo nuevo a alguien, prefiero que sea a otra persona. Nosotros ya compartimos mucho como pareja, como padres. Después sí vamos a ver el resultado, eso está bueno.

“Las mujeres tenemos que valorarnos. El hombre lo tiene más resuelto.”

¿Cómo preparas los monólogos?

El monólogo es un laburo interno. En general, surge a partir de un hecho que me sucede en la vida. Algo que me hace sentir mal, luego se transforma en un contenido. Tal vez, después tardo diez funciones en encontrar la manera más graciosa de contarlo. Pero nunca escribo: le pongo el título y me largo.

¿Retomás e incluís algo de lo que te devuelve el público en las giras?

Sí, todo se retroalimenta. Por ejemplo, ahora hago un material de una amiguita que tenía cuando era chica, cordobesa, la Coti Constanza. Surgió cuando fui a Córdoba, que empecé a hablar de ella y se transformó en parte del monólogo. Otra cosa que me llamó la atención, cuando voy de gira por el país, es que el porteño tiene un nivel de acelere que en la provincia no existe. Sin embargo, yo hablo mucho de la mujer, de su lista eterna de cosas por hacer; no sabía cómo podía funcionar eso y funcionó de la misma manera. Evidentemente se trata de algo inherente a la mujer.

¿Cuáles son tus referentes en el humor?

No sé si es mi referente, pero me gustan mucho los programas de Ellen Degeneres. También admiro los colores que tiene para conducir Vero Lozano, que pasa del drama a la comedia sin problemas. Yo no podría, me quedaría llorando en cada entrevista. También hay algo de Susana Giménez que me copa, no le entran las balas, dice las peores barbaridades y se la banca. Admiro ese perfil de mujer que se hace sola y sale adelante.

¿Vos sos más sensible que Susana?

Sí, pero estoy aprendiendo a reírme de las cosas que me escriben para que no me afecte. Me causa gracia la gente que me dice que deja de seguirme en las redes sociales. Pienso: “Si por esto me dejás, lo que sería si charlamos un rato…” (risas).

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