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Crianza

Juegos que marcan: ¿debemos permitir que nuestros hijos jueguen con armas?

Hablamos con dos especialistas y nos contaron cómo impactan estos juegos bélicos en la adultez.

por Paula Demarco | twitter @polydemarco | Junio 21, 2018

Hace días una foto volvía a abrir el debate: el príncipe George manipulaba un arma de juguete y “asesinó” a su mamá, Kate Middleton. Esta imagen, tomada por los paparazzi, causó controversia en el mundo.

Príncipe George juega con armas

Príncipe George juega con armas

Es común ir a un parque y ver chicos jugando con armas o espadas, imitando a sus superhéroes favoritos, al grito de “te voy a matar”; o ver cómo aniquilan a sus enemigos en los videojuegos. Y, pese a que es lógico que no significan lo que están haciendo, pero el dilema es: ¿estos juegos los marcan en el futuro? Como en casi todos los temas de crianza y pedagogía, no hay una respuesta única. Pero lo consultamos con dos especialistas y ambas coincidieron en que sí, estas conductas tienen impacto en la adultez.

La Lic. en psicología Veronica Posteraro (UBA MN. 37620) reconoce que el juego es fundamental en la vida de los niños, ya que a través de él, los chicos hacen activo lo que viven pasivamente: juegan sus miedos, sus temores y sus fantasías. Sin embargo, según las nuevas teorías, “hay que poner un límite a los juegos violentos porque pueden generar adicción”.

En esta línea, la Lic. en Psicopedagogía Julieta Demarco​ asegura que “el juguete es determinante a futuro”, y reconoce, con respecto a los juegos bélicos, que es necesario dejar en claro el límite. “Si son juegos de carácter violento, si tienen que ver con armas o con cuestiones específicas defensivas, es importante que sepan que esas adaptaciones tienen que ver con cuestiones provisorias, y que ante cada ‘ataque’ no debería defenderse de manera agresiva o violenta”.

La Lic. Posteraro coincide en que “los juegos bélicos tienen un impacto en la adultez”. “Se ha comprobado que los niños que solamente juegan en forma repetitiva a estos juegos de roles terminan siendo dominantes, muy agresivos, es difícil ponerles límites“, asegura.

Juegos adictivos

¿Cómo debemos actuar los papás?

Thiago tiene cuatro años y cuando sea grande quiere ser policía. Está tan convencido de esta profesión que le pidió a sus padres que le compren todo el equipamiento.  “Me dijo que cuando sea policía iba a matar a todos los ladrones”, cuenta María Sol Romero, su mamá, y agrega: “Nosotros le explicamos que la policía no mata gente, por más mala que sea, que lo que hace es atraparla y llevarla presa”.

Romero reconoce que le permite jugar a su hijo con todo lo que quiera pero siempre explicándole los límites de estos juegos. “Thiago tiene de todo, armas, espadas, juegos de pelea. Yo lo dejo, pero siempre remarcando que es un juego, que en la vida real no se hace”, explica.

En esta línea, la especialista advierte que la solución no es prohibirlos. “Lo que hay que hacer es explicarle a los chicos, que eso que parece un juego en realidad se puede hacer adictivo, se puede tornar pernicioso para el otro“. Por su parte,  Demarco hace hincapié en que se debe estimular a los niños a que aprendan a utilizar diferentes herramientas defensivas y encausar bien en qué ámbito se utiliza cada una.

Según las especialistas, la clave está en el diálogo y en el límite. “La mejor forma de poner límites es desde el lugar del amor y desde el lugar de la autoridad. Si uno como padre está muy convencido de lo que plantea, se lo transmite naturalmente. Se le dice que eso que aparece como un juego, que parece divertido, en la realidad se le puede mostrar a través de un noticiero las consecuencias de la guerra. Lo más importante es siempre plantarse como adulto y no como un par”, concluye Posteraro.

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