Vida & Estilos
Historia de vida

La historia de un joven que contó cómo es vivir con herpes genital y cómo afecta su vida sexual

Cómo es vivir con una enfermedad de trasmisión sexual que no tiene cura. 

por Redacción Rumbos | twitter @RumbosDigital | Julio 11, 2018

El herpes genital es una enfermedad de trasmisión sexual que es conocida por ser muy parecida al herpes que muchas personas presentan en la boca, pero en este caso en las zonas íntimas. 

Es común en los Estados Unidos, ya que más de una de cada seis personas de 14 a 49 años de edad la tiene. Esta enfermedad se puede contraer por contacto genital, pero también también es posible contraer herpes genital al recibir sexo oral de una pareja que tenga herpes oral.

Tal es el caso de un joven británico que contó en primera persona cómo fue que se enteró que tenía esta enfermedad y cuál fue su solución para convivir con ella. 

“A los 21 años empecé a sentir irritación alrededor de mi pene. Creo que debí rezar unas 50 veces al día para que fuera cualquier cosa menos un herpes. Antes de tener el diagnóstico oficial busqué en Google mis síntomas y eso me dio mucho miedo, porque de acuerdo con mi investigación en Internet me autodiagnostiqué herpes. Y al leer foros y artículos con información errada pensé que sería el final de mi vida“, escribió el joven, que prefirió permanecer en el anonimato, en un artículo de la BBC.

Él creyó que no iba a poder tener sexo nunca más y se deprimió, le costaba dormir y cuando lograba conciliar el sueño, se despertaba en estado de pánico. Hasta que entendió que debía ir a un centro médico para despejar sus dudas.

“Después de varias semanas, fui al doctor y me confirmó que tenía herpes. Una prueba confirmó que se trataba del tipo HSV-2, que es casi exclusivamente de transmisión sexual. Me volví paranoico preguntándome quién me lo habría contagiado. ¿Sería esta persona o aquella otra? Incluso, después pensé que a pesar de saber esto no pude evitar sentirme culpable, como si hubiera hecho algo malo, y eso que había sido cuidadoso y había usado protección”. 

Después de un tiempo de recapacitar y de esquivar citas, encontró un grupo de apoyo para gente con herpes genital, y fue cuando descubrió que no era tan malo como él pensaba. Por lo que juntó fuerzas e invitó a una chica a salir. 

Herpes

“Nos vimos un par de veces pero no me atreví a sacar el tema y cuando un día me invitó a entrar después de besarnos a la puerta de su casa me fui, me daba miedo hablar de eso.”

El pánico por saber cómo va a reaccionar la otra persona es inevitable, y más aún si hay sentimientos de por medio. Pero el joven no se dejó vencer, tomó valor y se atrevió a decirle “mientras estábamos sentados en el sofá, mirando al suelo todo el tiempo. Cuando levanté la cabeza se rió de mi por haber estado tan preocupado y me besó”.

Otro de los aspectos de haber vivido esta experiencia, es que asegura que la sociedad ha actuado positivamente al recibir su noticia. 

“Todavía me estoy acostumbrando al estigma, pero me han sorprendido positivamente las reacciones de la gente a la que se lo he contado. Hasta salí con una mujer que me dijo que ella también tenía un fuego o calenturón ‘allí abajo’ y se alegró mucho de que yo sacara el tema porque a ella le daba vergüenza”. 

Si bien esta enfermedad es incurable, puede ser tratada con medicamentos que inhiben la posibilidad de contagio. 

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