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Jaaukanigás: una oportunidad para conocer la naturaleza de Santa Fe

En el noreste santafesino, este humedal de relevancia mundial nos invita a descubrir su mágica naturaleza y respirar profundo: caminatas, safaris fotográficos, pesca y mucho relax.

Julio 15, 2018

Con más de 4.000 km, el río Paraná es uno de los más extensos y biodiversos del mundo. En su tramo medio, su curso atraviesa una planicie de inundación donde proliferan gran variedad de hábitats (lagunas, esteros, bañados, pajonales) que conforman una de las áreas más ricas de la Argentina.

Allí se destaca el humedal Jaaukanigás (492.000 hectáreas totales), ubicado en la zona de islas y costas del Departamento General Obligado, al noreste de Santa Fe. Se trata del primer Sitio Ramsar de esa provincia y el noveno en el país: esto significa que ese bioma integra la Lista de Humedales de Importancia Internacional.

Sus características hidrológicas, ecológicas y biológicas propician allí el turismo sustentable: los viajeros pueden hacer safaris fotográficos, excursiones en kayak y pesca deportiva, mientras de la naturaleza asoman aves, monitos aulladores y ciervos de los pantanos, entre otras especies cautivantes.

En busca del surubí

Jaaukanigás (o Yaaukanigás) significa “gente del agua” y era el nombre de uno de los tres grupos que componían la nación de los Abipones, indígenas que poblaron la región hace unos 6.000 años. El humedal contiene una de las muestras mejor conservadas del bioma llamado Delta e Islas del Paraná, caracterizado por bosques y selvas en galería. La mejor manera de acceder a ese paisaje es desde Reconquista, 330 km al norte de la ciudad de Santa Fe. Esa localidad está íntimamente ligada a la pesca artesanal y deportiva: en octubre, allí se organiza el Concurso Argentino de Pesca del Surubí con devolución. De hecho, el río Paraná alberga una rica avifauna acuática, que incluye 250 especies, como el sábalo, el surubí, el dorado, el pacú, el manguruyú y el patí.

La selva perfumada

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Quienes disfrutan de la flora encontrarán en el humedal Jaaukanigás un escenario ideal. Además de los extensos camalotales y carrizales o canutillales (gramíneas altas y tiernas), la vegetación está integrada por especies como ibirá pytá (Peltophorum dubium), timbó blanco (Cathormiom polyanthum), palo jabón (Sapindus saponaria), sauce criollo (Salix humboldtiana), maní guaycurú y picanilla (Guadua paraguayana), entre otras. Si se considera el Delta del Paraná en su conjunto, la flora ostenta unas 700 especies vegetales, con gran cantidad de enredaderas y epífitas.

La tierra y las aguas

La fauna es otro de los puntos destacados de esta región ecoturística. Más allá de los peces, el humedal Jaaukanigás cobija unas 36 especies de anfibios y 46 de reptiles, como la víbora de cascabel, la yarará, el yacaré ñato, el yacaré negro y las tortugas de agua. También habitan allí más de 200 especies de aves, como boyeros, jabirús, tuyangos, jotes, cigüeñas y otras aves acuáticas. Y los mamíferos están representados por el carpincho, la nutria, el lobito de río, el mono aullador y el ciervo de los pantanos, el mayor de los cérvidos de América del Sur. Muchos de los grandes mamíferos de la zona corren riesgo de extinción.

¿Isleño o de la costa?

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Además de albergar una gran biodiversidad, los humedales cumplen un rol clave en la regulación del ciclo del agua, ya que amortiguan inundaciones y recargan acuíferos. Ese ambiente también define el estilo de vida de dos pobladores bien distintos de la zona, el isleño y el costero. Es bueno tener en cuenta que esos baqueanos resultan los mejores guías de turismo.

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